miércoles, 9 de septiembre de 2015

El jinete y el caballo, la dupla perfecta

En mi experiencia, la equitación es la disciplina en la que el hombre y el caballo se convierten en uno mismo. Es la disciplina que permite apreciar la maravillosa conexión entre un ser humano y un animal.

La equitación implica confiar en un ser vivo con alma salvaje, estar a 5 pies del suelo, arriba de un ser cuyo peso es igual o superior a las 1200 libras. Conlleva hablar un idioma diferente, una lengua construida alrededor del silencio. No cualquiera es capaz de escuchar el silencio, no cualquiera puede confiar completamente en un animal que puede matar con tan sólo usar el peso de su cuerpo. Pero un jinete no es una persona ordinaria y un caballo no es un animal ordinario.

El jinete y el caballo son seres competitivos, valientes, empáticos, inteligentes, brillantes y admirables. El jinete, encuentra un amigo en una criatura salvaje, él sabe cómo confiar, escuchar y entender a su fiel compañero. Reconoce que la paciencia y el amor, son fundamentales para inculcar obediencia, disciplina y fidelidad a un alma salvaje y libre.

El jinete es capaz de conectar respiración, movimientos, energía, pensamientos y emociones con este esplendoroso animal. Sabe que la comida satisface el cuerpo, el conocimiento satisface la mente y la equitación satisface el alma. El jinete sabe que los éxitos se logran con cuatro manos y cuatro pies. Sabe que el amor se siembra en las caballerizas y se cosecha en la pista.

El jinete sabe que su fuerza radica en la inteligencia, valentía y competitividad. Mientras que sus debilidades se encuentran en la fuerza y velocidad física, las cuales son reforzadas por la energía y espíritu salvaje de su fiel amigo.

La imagen muestra la sincronía perfecta entre el jinete y su caballo
Jinete y caballo, la dupla perfecta en acción.
Es así como el jinete y el caballo forman una gran dupla y logran un equilibrio perfecto, encontrando la plenitud y en ésta la felicidad.

El caballo, evolución y permanencia

Para entender el mundo ecuestre, es indispensable conocer la evolución de este ser vivo. El caballo es unos de los animales con un registro fósil más completo, el cual ha permitido conocer su desarrollo a lo largo de la historia.

El Eohippus, tardó millones de años en adaptarse al entorno y después evolucionó en distintas especies equinas que vivían en Norteamérica hace 15 millones de años. Cazados por su carne, la población equina se extinguió en el aislado continente americano, que se quedó sin caballos durante más de 8,000 años.

En el siglo XV, la llegada de los conquistadores españoles con sus corceles cambió radicalmente la evolución de la especie. No cabe duda, que la temporal extinción del caballo en el continente americano, provocó que el hombre apreciara el temperamento participativo y la voluntad de agradar del caballo, así como su fuerza física, velocidad y agilidad.

Con la cría selectiva se ha potenciado estas cualidades para obtener las distintas razas que conocemos hoy en día. El caballo es obediente y valiente, honesto y trabajador a la vez, pero no se debe olvidar que detrás del animal domesticado se encuentra el mismo caballo salvaje que evolucionó hasta convertirse en el único animal que debuta en los juegos olímpicos, convirtiéndose en un atleta.

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha encontrado en el caballo a un verdadero compañero y aliado. Ningún otro animal ha prestado un servicio tan leal e inteligente, ya sea como trabajador, medio de transporte, símbolo de posición social o, ya en la actualidad, como oferta de ocio.

La imagen muestra la evolución, espíritu y permanencia del caballo a lo largo de la historia.
La evolución, espíritu y permanencia del caballo a lo largo de la historia.

Sin duda, el hombre vela al caballo y éste a su vez engalana al hombre. El caballo le ha ofrecido al ser humano, su fuerza y su lealtad, y a cambio, ha recibido un estatus que posiblemente lo sitúa por encima del resto de las especies animales.

El caballo, fidelidad y espíritu libre en un sólo ser

El caballo es este ser maravilloso capaz de conjugar una fidelidad y educación inigualables, con un galope insaciable y salvaje. Detrás de ese arnés y silla de montar, está un animal enérgico y con espíritu libre.

De naturaleza gregaria, los caballos viven en manadas. Cuando se reúne a un grupo de estos animales, tienden a establecer una jerarquía y, por lo general, permanecen unidos aunque pertenezcan a razas y tipos distintos. De igual modo, los caballos en libertad forman manadas de manera instintiva, las cuales se encuentran normalmente integradas por varios grupos familiares de un semental y quizá cinco o seis yeguas con sus crías.

En dichas manadas impera el matriarcado, ya que la manada suele estar controlada por las yeguas más maduras, que se encargan de mantener a raya los encendidos ánimos de los miembros más jóvenes, sobre todos de los potros. Únicamente durante la época de apareamiento los sementales de los grupos rivalizan por dominar a las hembras en edad reproductora. Los sementales domados se perciben como más dominantes e imprevisibles que las hembras, las matriarcas de las manadas salvajes pueden ser tan agresivas como los machos y en absoluto son sumisas.

El caballo a través de su atributos físicos y sensoriales, le recuera al mundo su espíritu salvaje: una velocidad y resistencia fuera de lo ordinario para escapar de los depredadores, así como una vista y oído magníficos para detectar al instante el peligro. Posee una dentadura fuerte y prominente.

De una posición de reposo, el caballo alcanza una velocidad máxima de 70 km por hora, en tres o cuatro segundos. Sus grandes ojos a ambos lados de la cabeza, le proporcionan un campo visual muy amplio, y sus orejas móviles, que rotan trazando un ángulo de casi 360 grados, actúan a modo de radar.
La imagen muestra el espíritu libre y salvaje del caballo
El caballo, fidelidad y espíritu libre en un sólo ser. El lado salvaje de este gran animal.

Como se puede observar, las características físicas y el carácter del caballo, reflejan el espíritu salvaje y enérgico de este animal.

El caballo, encanto y fascinación

Desde pequeña, he tenido una gran fascinación por los caballos. Recuerdo que en cierta ocasión le pedí a mis papás un poni, sí un poni, en lugar del típico perro que la mayoría de niñas desean. Fue entonces cuando constaté mi amor, respeto y admiración por estos animales. Actualmente practico equitación, razón por la cual decidí escribir sobre esta increíble especie.

Es vital conocer a profundidad al personaje icónico de este blog. Ya que detrás de esa fidelidad y educación, se esconde un animal salvaje. El caballo cambió el curso de la civilización, un completo guerrero, una bestia de carga con fuerza, resistencia y velocidad. A la vez que denota un gran porte y elegancia. Características que lo convierten en un animal imponente e irónico.

El caballo ha convivido con el ser humano desde hace miles de años, de ahí que se olvide que se trata, básicamente de un animal salvaje. Por lo general se muestra al caballo domesticado-como los de las carreras, los que participan en los concursos de saltos o los dóciles ponis- pero cuando se contempla a estos animales en su entorno natural, simplemente dejan sin habla al espectador.

A lo largo de la historia, el hombre ha cambiado radicalmente la vida de los caballos para satisfacer sus necesidades. No obstante, pese a los siglos de domesticación, los caballos siguen conservando su carácter independiente. Es una auténtica maravilla y todo un privilegio observar su comportamiento natural, cómo retozan, juegan y cocean haciendo gala de su exuberante vitalidad.

La imagen muestra a un caballo en todo su esplendor
El caballo, encanto y fascinación. Galope insaciable.


Ningún otro animal ha vivido tan próximo al ser humano ni lo ha cautivado durante tanto tiempo. Desde el comienzo de su domesticación, ha sido el más fiel aliado en el campo de batalla y principal medio de transporte. Es el único animal que acompaña al hombre en un deporte olímpico, la equitación. Su destino siempre ha ido muy ligado al del hombre y día con día se engalanan mutuamente.