El Eohippus, tardó millones de años en adaptarse al entorno y después evolucionó en distintas especies equinas que vivían en Norteamérica hace 15 millones de años. Cazados por su carne, la población equina se extinguió en el aislado continente americano, que se quedó sin caballos durante más de 8,000 años.
En el siglo XV, la llegada de los conquistadores españoles con sus corceles cambió radicalmente la evolución de la especie. No cabe duda, que la temporal extinción del caballo en el continente americano, provocó que el hombre apreciara el temperamento participativo y la voluntad de agradar del caballo, así como su fuerza física, velocidad y agilidad.
Con la cría selectiva se ha potenciado estas cualidades para obtener las distintas razas que conocemos hoy en día. El caballo es obediente y valiente, honesto y trabajador a la vez, pero no se debe olvidar que detrás del animal domesticado se encuentra el mismo caballo salvaje que evolucionó hasta convertirse en el único animal que debuta en los juegos olímpicos, convirtiéndose en un atleta.
Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha encontrado en el caballo a un verdadero compañero y aliado. Ningún otro animal ha prestado un servicio tan leal e inteligente, ya sea como trabajador, medio de transporte, símbolo de posición social o, ya en la actualidad, como oferta de ocio.
| La evolución, espíritu y permanencia del caballo a lo largo de la historia. |
Sin duda, el hombre vela al caballo y éste a su vez engalana al hombre. El caballo le ha ofrecido al ser humano, su fuerza y su lealtad, y a cambio, ha recibido un estatus que posiblemente lo sitúa por encima del resto de las especies animales.
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