La equitación implica confiar en un ser vivo con alma salvaje, estar a 5 pies del suelo, arriba de un ser cuyo peso es igual o superior a las 1200 libras. Conlleva hablar un idioma diferente, una lengua construida alrededor del silencio. No cualquiera es capaz de escuchar el silencio, no cualquiera puede confiar completamente en un animal que puede matar con tan sólo usar el peso de su cuerpo. Pero un jinete no es una persona ordinaria y un caballo no es un animal ordinario.
El jinete y el caballo son seres competitivos, valientes, empáticos, inteligentes, brillantes y admirables. El jinete, encuentra un amigo en una criatura salvaje, él sabe cómo confiar, escuchar y entender a su fiel compañero. Reconoce que la paciencia y el amor, son fundamentales para inculcar obediencia, disciplina y fidelidad a un alma salvaje y libre.
El jinete es capaz de conectar respiración, movimientos, energía, pensamientos y emociones con este esplendoroso animal. Sabe que la comida satisface el cuerpo, el conocimiento satisface la mente y la equitación satisface el alma. El jinete sabe que los éxitos se logran con cuatro manos y cuatro pies. Sabe que el amor se siembra en las caballerizas y se cosecha en la pista.
El jinete sabe que su fuerza radica en la inteligencia, valentía y competitividad. Mientras que sus debilidades se encuentran en la fuerza y velocidad física, las cuales son reforzadas por la energía y espíritu salvaje de su fiel amigo.
| Jinete y caballo, la dupla perfecta en acción. |
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